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El conflicto del hombre con la Naturaleza

normadelio 09-07-2009 GTM 1 @ 16:32 Tags:

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ECOFIhttp://www.monografias.com/trabajos41/ecofilosofia/ecofilosofia2.shtmlLOSOFÍA: BASES FILOSÓFICAS DE LA ECOPOLÍTICA

Este estudio de filosofía política pretende despertar el interés y la conciencia del más amplio espectro de ciudadanos y desde un punto de vista absolutamente neutral respecto de los tradicionales esquemas políticos, por lo que el análisis está en directa relación con lo que se considera realmente relevante y premisa fundamental: preservar y conservar la Naturaleza si se quiere sobrevivir y trascender como especie racional.

El cómo es una cuestión que se intentará mostrar y así quienes se dediquen a ejercer la actividad política honrada y honestamente, puedan tener lineamientos claros para este propósito; el porqué es más profundo y como se ha establecido, involucra una actitud ética, un ethos del Hombre que debe ser revitalizado y así recuperar el sentido del valor de la vida.

Si se considera que un grupo de individuos no constituye una sociedad sino hasta cuando estos tienen conciencia de las relaciones mutuas que se ejercen entre ellos, entonces tendremos que en la sociedad, la población agrupada participa concientemente en las actividades comunes para ayudarse mutuamente. Ahora bien, cuando la sociedad habita un área geográfica determinada se establece una comunidad, una suerte de común-unidad de destino.

Las comunidades en general no están exentas de problemas sociales, que son aquellos que provienen del tipo de organización que se han dado y en su gestación intervienen múltiples factores que se encuentran interrelacionados. En el caso de los problemas de orden ecológico o medioambientales, se cuentan el nivel socioeconómico y/o cultural de la población o de sectores de ésta; condiciones sanitarias o de acceso al saneamiento básico ambiental; acceso a la información y a la educación, entre otros, los cuales deben ser satisfechos por las instituciones estatales correspondientes.

Estos conflictos ocasionados por los elementos indicados, se ocultaron por mucho tiempo en los eufemísticamente llamados países del Tercer Mundo -por no decir sencillamente subdesarrollados- bajo la falsa dialéctica "progreso o caos" que convenció a millones de ciudadanos que no intuyeron que a la expansión de la tecnosfera, ese medio ambiente artificial construido por el hombre, iba a corresponder una contracción de la biosfera, lo que en términos de riqueza natural significaba que el crecimiento económico nos empobrecería aún más. Esto es particularmente patente en América Latina.

Todas las corrientes políticas actuales: socialistas, comunistas, conservadores y liberales, están de acuerdo en que el tipo de "progreso" elegido no lo pueden detener y de ahí que en muchos Gobiernos autodenominados "progresistas", no se cambien las políticas respecto al medio ambiente aún conociendo el daño que se está provocando, debido a que siguen con el discurso de que la maximización del Producto Interno Brutoy del consumo energético es directamente proporcional al bienestar de la gente. Este es el paradigma economicista dominante, ya sea se invoque a Adam Smith, Stuart Mill, Karl Marx o Keynes.

La Ecofilosofía como fundamento racional del consecuente movimiento sociopolítico a que ha dado origen, patrocina las acciones pragmáticas que puedan resolver los graves problemas con los que tenemos que enfrentarnos de una forma global, no aislándolos entre sí, sino que gestionándolos en su interdependencia. Integra el espacio de los ecosistemas humanos y natural mediante una compresión dinámica de y entre la culturay la naturaleza, partiendo de una creación de conciencia en armonía con el entorno para obtener finalmente una unificación entre la teoría y la praxis.

De esta forma podemos afirmar sin lugar a dudas, que tiene una misión propedéutica que es la de formar y re-formar al Hombre (los hombres) en el sentido holístico de la Naturaleza, considerando que lo real es la globalizacióny lo utópico es el re-encuentro del Hombre consigo mismo y el entorno del cual depende su existencia y trascendencia. Es preciso acotar que la connotación dada a la trascendencia es en el sentido de sublimación de la especie humana a través de sus obras, el emprendimiento de un destino común más que una simple co-existencia entre los hombres y por lo tanto, lo utópico hay que construirlo.

La conciencia ecológica, según Edgard Morin, nos plantea un problema de una profundidad y amplitud extraordinarias, que cuestiona el destino y la forma en que se establece el mismo en la era industrial, cuya imposición se ha basado en tres principios rectores: 1) La separación cartesiana del hombre-sujeto en un universo de objetos manipulables; 2) la ciencia concebida como conocimiento objetivo que no se preocupa de su propio sentido ni de su fin y que, por esa misma razón, se convierte en instrumento de todo tipo de poderes y potencias; y 3) la idea capitalista y luego marxista -reforzada por las religiones occidentales de corte judeocristiano- del Hombre conquistador de la Naturaleza.5,6

La filosofía económica que dio lugar a la revolución industrial engendró algunos mitos que es necesario analizar para reconocer las desviaciones que ha originado, entre ellas las limitaciones existentes para examinar la crisis ecológica, no reconocida como tal por las economías de mercado y desconocida por las economías centralizadas.

El marxismo ha puesto en primer término siempre y por sobre toda otra consideración, el concepto de ‘valor trabajo’ por lo que en circunstancias donde los recursos naturales poseen la valoración intrínseca que por ‘patrimonio de afectación’ les corresponde, pero que no viene dada por el trabajodel hombre ni generan valor agregado al suelo y subsuelo debido a que sólo son oxígeno, agua y/o materias orgánicas, no se les reconoce como tales. Es decir, desprecian los bienes que nos permiten vivir, comer y beber, eliminándolos del cotejo de la lucha de clases y por ende, yendo contra la propia esencia de la teoría marxista donde todo es de todos.

En consecuencia, los cambios que se proponían respecto de pasar desde una sociedad capitalista a una socialista no implicaba un cuestionamiento de los procesos técnicos o productivos y por lo mismo, no hubiera habido ningún adelanto en beneficio de la protección del medio ambiente y los recursos naturales. Michel Bosquet menciona que nada era posible esperar de la izquierda clásica cuando sobrevinieran los desastres por agotamiento de los recursos dado que el socialismo no era, o no es, más que la continuidad del modelo de consumo existente sólo que bajo otro signo. Esto significa que la sociedad que nos ofrecen los socialdemócratas y sus alianzas se mantiene jerárquica, tecnocrática, centralizada y productivista.

Por su parte, la sociedad capitalista promueve y aplica estrategias de autoprotección para continuar con sus procesos industriales, soslayando el conflicto con la Naturaleza. Entre estas se cuentan la adopción del discurso ecologista para tener el control de la situación al "aceptar lo nuevo sin cambiar nada", lo que se denomina el Conservadurismo Dinámico; aislamiento de los brotes o sitios de conflicto medioambiental; provocando el estancamiento burocrático al situar los entes encargados de dar solución a los problemas en lugares distantes geográficamente o con una serie de niveles consultivos; contención con la subsecuente derivación interminable a diversas instancias; atención selectiva, provocando la despolitización del problema ambiental y por ende, su desobjetivación.

Así mismo, la sociedad de consumo industrializada centra su objetivo en aumentar el nivel de vida en y de los países desarrollados, los cuales exigen para el logro efectivo de sus fines, la explotación de los recursos naturales de los países "en vías de desarrollo" y subdesarrollados, aunque en el último tiempo se han implementado políticas paliativas como los Swaps o canjes de deuda por naturaleza. De este modo se obtienen a bajo costolugares conservados para que sean visitados por los habitantes que ya perdieron la belleza escénica en sus sitios de origen o guardan estratégicamente reservas de agua dulce, aire puro y germoplasma fuera de sus fronteras para casos de catástrofes inevitables.

En el plano teológico y religioso también encontramos elementos que condicionan el raciocinio humano a actuar de determinada manera y tener o adoptar bizarras actitudes. La tradición judía establece tres parámetros que vulneran de sobremanera a la Naturaleza: en primer término, desestiman que su dios sea un elemento natural y lo considera el "creador" de todo cuanto existe, incluido el Hombre mismo; en segundo lugar, que éste ha sido hecho "a imagen y semejanza" de aquel; y finalmente, que el ser humano es un "mayordomo" en la Tierra respecto de los bienes que le han sido concedidos. Esto se modifica con el advenimiento del cristianismo y aunque mantiene los dos primeros principios, el tercero pierde su sentido y adopta el concepto de que ‘todo está a su disposición para su uso y disfrute’, lo cual evidentemente refuerza la actitud hacia el desastre que estamos analizando.

El Hombre en tanto Ser separado de la Naturaleza, es per se un error contra natura. Heidegger lo corrobora al retomar el concepto de physis de los presocráticos y señalar que "lo que es la Naturaleza en sentido estricto. Physis significa, pues, originariamente tanto el cielo como la Tierra, tanto las piedras como las plantas, tanto los animales como el Hombre".7

Los seres humanos vivimos hoy mucho más que algunos recursos naturales y estos se están agotando a un ritmo sin precedentes. Si esto continúa, se estaría fomentando la amenaza de extinción para nosotros mismos y de la sociedad conformada por la comunidad política, como también para las otras especies. Los cálculos realizados sobre la disminución en la capacidad actual del planeta para proveer alimentos así como para absorber el dióxido de carbono, sugieren que se está utilizando un 25% más de lo que se renueva naturalmente cada año. Si se mantiene la tendencia, este "derroche" ecológico que aumentó significativamente en los últimos 40 años, sería del 100% en el 2050, e implicaría la posibilidad de un colapso en gran escala de los ecosistemas y la subsecuente generación de conflictos sociales y políticos.8

Ante este panorama sólo es posible establecer claramente un consenso: los viejos paradigmas se encuentran en una situación tambaleante ante la fuerza de la razón ecologista. La Ecofilosofía muestra que los efectos del deterioro ambiental provocado por el Hombre, se deben a una deformación de la realidad en que éste vive y que encuentra sus raíces más profundas en el surgimiento de aquellas corrientes filosóficas y teológicas que promueven su supremacía por sobre la Naturaleza y sus componentes, a los cuales considera sólo como elementos útiles para beneficio personal y que estarían dispuestos para satisfacer de forma inagotable sus apetencias, y que en última instancia, se traduce en el ejercicio del poder del hombre sobre el hombre utilizando la naturaleza, al convertirlos en elementos de apropiación para quienes tienen una capacidad de hacerlo, ya sea en forma de autoridad política o bajo la premisa de "la ley del más fuerte", más que un poder efectivo del hombre sobre la naturaleza.

Lo anterior permite postular que la causa del conflicto entre el Hombre y la Naturaleza no es más que la pérdida de valores fundamentales como la virtud, la prudencia, la verdad, el respeto y el sentido de equidad, los cuales han involucrado la desaparición del concepto intrínseco de Bien Común que por sí misma tiene la Naturaleza, y es el no reconocer que el axioma no es la dicotomía del "Hombre y la Naturaleza", sino que es, el "Hombre en la Naturaleza" formando parte integral de ella.

Por consiguiente, la interrelación Hombre-Naturaleza-Bien Común contiene elementos que constituyen una unidad que no debe romperse, porque si ello ocurre se afecta uno por la ausencia del otro, de tal manera que su estudio traspasa las fronteras de sólo lo físico y material para irrumpir en el campo de la sociología, la ética social y la teoría política, constituyendo la reflexión filosófica el elemento unificador de análisis de las causas primeras y últimas del problema.9

En este contexto, la Ecofilosofía se perfila como una nueva dimensión en el pensamiento político iberoamericano, tanto desde el ámbito filosófico como en la pragmática praxis administrativa y jurídica de la Nación y el Estado. Esto porque tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo, existe hoy una concepción revitalizada respecto al orbe basada en la toma de conciencia del Hombre de ver a la Naturaleza como parte sustancial del Bien Común y ser un medio indispensable para alcanzar la constitución, el pleno desarrollo y la realización de la comunidad política.

Esta percepción cambia los esquemas tradicionales de la Filosofía Política moderna en el sentido de un ejercicio de "jerarquía y dominación", por parte del Hombre, y de "fin en sí misma" por parte de la Naturaleza, por uno más humanitario y que tiene como objetivo crear una sociedad política en armonía con el entorno, que trata a la Naturaleza como condición necesaria para dicho objetivo y obtener de este modo un desarrollo sustentable en el tiempo, poniendo de manifiesto que el entorno humano, tanto físico como social, es una realidad en la cual el Hombre debe asumir de manera responsable su accionar. Este deber va más allá de lo circunstancial, para ser plena y conscientemente conducido bajo aspectos éticos, políticos y sociales, mediante la aplicación del nuevo paradigma, que implica cambios fundamentales en las formas de pensar, actuar y sentir de los seres humanos.

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